No se llega al Cubilete por accidente. Se sube. Siempre se sube. Y mientras el aire se vuelve más delgado y el viento comienza a empujar con violencia, uno entiende que ese Cristo no fue puesto ahí para decorar el paisaje. Fue plantado como una declaración. El Cerro del Cubilete está en el centro geográfico…

por

El Cristo del Cubilete: el cerro donde México levantó su herida

No se llega al Cubilete por accidente. Se sube. Siempre se sube. Y mientras el aire se vuelve más delgado y el viento comienza a empujar con violencia, uno entiende que ese Cristo no fue puesto ahí para decorar el paisaje. Fue plantado como una declaración.

El Cerro del Cubilete está en el centro geográfico de México.

Eso no es un detalle menor.

En medio del país, en la cima de una montaña que parece salida de una maqueta antigua, se levanta el Cristo Rey con los brazos abiertos. No hacia el cielo. Hacia el horizonte.

Pero antes de esta estatua hubo otra.

Y antes de la paz hubo pólvora.

Una guerra debajo del mármol

En los años veinte, México estaba dividido.
No en opiniones. En sangre.

La Guerra Cristera enfrentó al gobierno posrevolucionario —que impulsaba leyes anticlericales durísimas— contra miles de campesinos y fieles que gritaban “¡Viva Cristo Rey!” antes de morir fusilados.

En 1923, se colocó una primera estatua de Cristo en el Cubilete.
En 1928, fue dinamitada por orden del gobierno.

No quedó piedra sobre piedra.

El cerro quedó desnudo, como si la fe hubiera sido arrancada de raíz.

Pero los cerros no olvidan.

Y el pueblo de Dios mucho menos.

La segunda vez no fue silenciosa

La idea de volver a levantarlo no fue arquitectónica. Fue emocional. Fue política. Fue obstinada.

El Cristo actual, inaugurado el 1 de enero de 1944, no es solo una escultura de 20 metros sobre un pedestal de 14. Es una respuesta. Una insistencia.

Lo diseñó el escultor Fidias Elizondo. Lo financiaron fieles. Lo cargaron en piezas hasta la cima. Lo armaron con paciencia de romería y con memoria de guerra.

Desde abajo parece pequeño.
Desde arriba parece inevitable.

No es el Cristo del sufrimiento. No es el crucificado. Es Cristo Rey. Está de pie. Con la corona. Con los brazos abiertos como si el país entero cupiera ahí.

Y eso, en un país que se había matado por ese nombre, no es poca cosa.

¿Símbolo de victoria?

Es símbolo de fe.
De unidad.
De reconciliación..

Pero también es símbolo de terquedad.

De una fe que fue perseguida y volvió a levantarse.
De un país que se fue juntando las balas, para después regresarlas a los federales.

Con todo y dedicatoria.

El Cristo del Cubilete no es solo un monumento religioso.

Es una cicatriz vertical.

Un recordatorio de que la fe, cuando la intentan borrar, regresa más grande.

Y más fuerte.

Pero es un símbolo de lucha.

Por que la victoria viene hasta el final.