
Me encontré con esto, que suelo recordar dos o tres veces al año. A veces me gustaría recordarlo más. Me la pasaba oliéndolas, rascándolas con mi dedito, juntándolas de aquí para allá y las volvía a oler. Desde entonces solo recuerdo cada vez con más nostalgia la figura del matador Kempes.
Y debido a eso muchos años le fui a Argentina, hasta que no pude con tanta vulgaridad. Ahora ya ni siquiera me gusta el futbol. Bueno, el futbol sí, pero nunca lo veo. Lo que no me gustan son las trampas ni los tatuados.
Aunque trampas siempre hay.
En todos lados.
La pregunta es por qué no me acuerdo de la selección mexicana.
Bueno, recordarlo hace que me dé la risa floja, vergüenza propia y ajena, y cierta repulsión. Llámenle resonancia cultural o como quieran ustedes hacerlo. Pero les contaré lo que recuerdo de esos días.
Recién habían puesto un módulo de “Pronósticos Deportivos” y había una cola inmensa en la papelería. En algún momento mi padre se entusiasmó con ir a meter la quiniela y me dio uno de esos papelitos para que lo llenara yo, que ni siquiera sabía andar en bicicleta aún.
México – Alemania.
En ese tiempo no tenía consciencia de país, pero recuerdo que puse México. Taché el cuadrito y mi razonamiento fue: ¿verdad que México suena más fuerte que Alemania?
La misma pregunta que le hice a mi papá le hice a mi mamá.
Después no tengo más recuerdo. Solo que ya a esa edad quizás por contagio, tenía la ilusión de ganar algo.
Seguramente entre cochecitos me enteré del resultado contra Alemania y aún recuerdo esa frustración por haber fallado. La vergüenza la sentí después cuando me enteré que México era malo entre los malos, y que yo era mexicano. Al mismo tiempo recuerdo al “matador” en medio de una tormenta que parecía de rollos de papel del baño, con esa pinta de super héroe y que en lugar de irse al suelo metía gol una y otra vez. Era como un tractor.
Mi mente ya estaba grabada. Yo le voy a Kempes.
Pero entre mis corcholatas había un tal Leonardo Cuéllar. No les voy a contar más, pero me aficioné al beisbol a esa temprana edad.
También había un tal Hugo Sánchez, con el mismo look pero que al menos no impresionaba en su conjunto.
Con el tiempo, me di cuenta de lo malos que eran, quizás comenzando por su entrenador de cuyo nombre ni me acuerdo ni quiero acordarme.
