
El otro día iba caminando, como siempre, sin una dirección muy definida. Propósito tampoco. Es justo cuando se juntan estas dos cosas, que uno camina con la cabeza más suelta y la mirada más perdida. También es justo en tales circunstancias cuando uno no se encuentra: se topa, con cosas que más que sacarle a uno la alegría, le hacen pensar.
Y refunfuñar.
Y no es que la imagen de Frida Kahlo me agrade. Todo lo contrario, pero ver su imagen en una promoción de mochilas en oferta, de inmediato me llevó a recordar aquel accidente del tranvía, a aquellas obras en donde por gustos se rompen géneros, y otras cosas también.
No me llevó a pensar el cómo utilizan la imagen del dolor, de la ambigüedad y claro ¿por qué no? de la expresión humana, para un fin comercial. Eso me da igual, la gente se busca la vida como puede, más que como debería. El mercado siempre encuentra la forma de vender las costras de los muertos.
Me llevó a pensar como la utilizan como bandera.
Ahí, ya estamos en otro terreno que no me da igual en lo absoluto. Porque no es lo mismo comprar una taza o una mochila chafa, que una idea también chafa, que son las que hacen daño.
Y mucho.
No hay duda de que Frida tuvo su propia lucha y su cruenta guerra interna. Y seamos honestos: ella misma era una experta en construir su propio personaje; sabía perfectamente el valor de sus cejas, de sus vestidos teuanos y de su dolor expuesto en el lienzo. Nadie se vuelve un mito por accidente. Pero de ahí a que, a pesar de sus ideas comunistas, se habría sentido cómoda de ser utilizada como “caso de éxito”… tal vez se hubiera reído o tal vez hubiera llorado.
O tal vez se habría sentido una farsante.
Tal como siempre lo mostró entre líneas, pero me cuesta creer, que se lo hubiera tomado en serio.
Quienes sí se lo toman en serio son los que hoy compran su sufrimiento empaquetado para sentirse revolucionarios de cafetería. Nos vendieron a una mujer rota como el molde del heroísmo moderno, una contradicción ambulante convertida en fetiche moral. A la venta está un mito sin fondo.
Pero no todos la compramos.