
Bienvenidos a Isla Contoy
El Parque Nacional Isla Contoy es un área protegida ubicada en México, en el estado de Quintana Roo, en el Mar Caribe. La isla es pequeña, con aproximadamente 8.5 kilómetros cuadrados de extensión, y se encuentra al norte de Cancún. Es conocida por su belleza natural y su importancia como refugio para aves marinas y tortugas marinas. Isla Contoy es un destino popular para quienes buscan experiencias de ecoturismo y conservación.
El Tesoro de Isla Contoy
Crónica de una isla, una regla vieja, y un pescador que sabía cosas
Dicen que todavía queda un tesoro en algún lugar de Contoy.
No sabemos quién lo escondió, ni cuándo, ni siquiera si existe.
Pero la gente que conoce estas aguas cuenta que, si algún día aparece, hay una regla que debe respetarse:
No se lo lleve todo.
Deje algo para los demás.
La isla que casi nadie pisa
Isla Contoy está al norte del Caribe mexicano, más allá de Isla Mujeres, en el lugar exacto donde el Golfo se encuentra con el mar abierto. Es un pedazo largo y estrecho de tierra, con manglares densos, dunas blancas y lagunas oscuras donde las garzas se paran una junto a otra sin hacer ruido.
Es Parque Nacional.
Solo permiten entrar a doscientas personas por día. No vive nadie ahí, salvo los guardaparques que se turnan cada quince días para no volverse locos.
Los que llegan, llegan de día. Los tours salen temprano de Cancún o de Chiquilá, se pasan tres horas en la isla, comen pescado a la parrilla, sacan fotos a los pelícanos, y regresan antes de que caiga el sol.
Nadie se queda a dormir.
Los guardaparques dicen que es por reglamento. Los pescadores viejos de Chiquilá dicen otra cosa. Dicen que Contoy no es isla para dormir en ella. Que en la noche, cuando la marea sube y el viento se mete entre las raíces del manglar, la isla habla en un idioma que ya nadie entiende.
Y que a veces —no siempre, pero a veces— responde a quien la escucha.
Don Aristeo y el olor a brea
A Don Aristeo lo conocí en el muelle de Chiquilá una tarde de septiembre, cuando el viento del norte empezaba a levantar polvo blanco de la arena y los turistas ya se habían ido en las últimas lanchas rumbo a Isla Mujeres.
Estaba sentado en un cajón de madera arreglando una red de nailon, con esa paciencia sin prisa que tienen los hombres que llevan sesenta años haciendo lo mismo. Tenía la piel del color del cuero curtido y las manos llenas de cortes viejos. Le pregunté si él sabía si era cierto lo del tesoro de Contoy.
Me miró un rato largo antes de contestar.
—¿Quién le contó a usted de eso?
—Un amigo. Dijo que aquí lo sabían todos.
Don Aristeo dejó la red sobre las piernas. Sacó del bolsillo un cuchillo pequeño, muy usado, con el mango de hueso amarillento. Empezó a tallar algo en un pedazo de madera que tenía a un lado, mientras parecía clavar su mirada tosca en un infinito que solo el veía.
—Cierto sí es —dijo—. Pero es cierto de una manera distinta a como la gente lo cuenta.
Y entonces me contó lo que le voy a contar a usted.
Los que dejaron algo enterrado
En los siglos XVII y XVIII, cuando el Caribe entero era un tablero de ajedrez donde España movía sus galeones cargados de plata y los piratas de todas las banderas movían sus balandros y bergantines para robarlos, Isla Contoy era refugio conocido.
No era un puerto oficial. No aparecía en los mapas. Era demasiado pequeña, demasiado alejada, demasiado difícil de asaltar por barcos grandes. Pero para los piratas que necesitaban esconderse unos días, carenar sus barcos, curar heridas, repartir botín, o simplemente enterrar para después robarse entre ellos, Contoy era perfecta.
Por ahí pasaron los grandes.
Henry Morgan, el galés que aterrorizó Panamá y Portobelo, se refugió alguna vez en estas aguas. Laurens de Graaf, el holandés al que los españoles llamaron Lorencillo, saqueó Campeche y Veracruz, solía andar por Contoy escondiéndose de las flotas que lo buscaban. Diego el Mulato, pirata cubano nacido de esclavo, conocía cada laguna del manglar como conocía las líneas de su mano.
Todos ellos, en algún momento, enterraron algo en la isla.
No siempre era oro. A veces era plata en barras. A veces eran armas que no querían perder pero no podían cargar. A veces era ron, herramientas, mapas. Y a veces —lo dicen los pescadores viejos con la voz baja— era otra cosa. Cosas que habían robado y que no daban buena suerte. Cosas que llevaban sangre encima.
Cuando un pirata enterraba algo así, sabía que quizá no volvería por eso. Sabía que quizá lo iba a matar un cañón español, o una fiebre, o un motín, antes de poder regresar. Y entonces hacía lo que los piratas hacían en esos casos:
Dejaba una regla junto al tesoro.
La regla vieja
Don Aristeo dejó de tallar. Levantó la mirada. Los ojos los tenía claros, casi grises, como si el mar se le hubiera metido dentro con los años.
—La regla vieja —dijo—, la que todos los piratas ponían cuando enterraban algo importante, era una sola. Muy sencilla. Y muy dura.
Se quedó callado un momento, como buscando cómo decirla.
—El que encuentre esto —dijo, hablando ya no como Don Aristeo sino como si estuviera leyendo un papel que solo él veía—, que se lleve lo que necesite. Pero no todo. Que deje algo para los demás. Porque el siguiente también va a venir. Y el siguiente después de él. Y así hasta que ya no haga falta nada.
Volvió a mirarme.
—Esa era la regla. Y el que la rompía —hizo una pausa larga, con esa cadencia de los hombres que saben que las palabras pesan— no vivía para gastar lo que se había llevado.
Los que buscaron sin respeto
Don Aristeo se sabía las historias. Todas.
Me habló de un gringo que vino de Carolina allá por los años setenta, con detectores de metales caros y dos ayudantes mexicanos que no sabían para qué los había contratado. Estuvieron tres semanas en Contoy con permiso especial de no sé qué gobernador del entonces territorio de Quintana Roo. Encontraron algo. Nadie supo qué. El gringo se lo llevó todo, hasta el último gramo, en una lancha rápida rumbo a Cozumel.
Nunca llegó a Cozumel.
La lancha apareció a la deriva dos días después, vacía. Los ayudantes flotaban a un kilómetro de la costa, ahogados. Del gringo no se encontró nunca nada. Ni un zapato. Ni un pedazo de camisa.
—El mar se lo tragó a él y a lo que se llevó —dijo Don Aristeo—. Porque no dejó nada. Ni una moneda. Se lo llevó todo. Y la regla es la regla.
Me contó de un buzo cubano que encontró algo cerca de Punta Norte en los años ochenta. Sacó dos objetos. Uno lo vendió en Miami por mucho dinero. El otro lo dejó donde estaba, tapado con arena, porque tuvo una corazonada. El buzo cubano vivió muchos años más. Se murió viejo, en su cama, en La Habana. Nunca volvió a Contoy. Decía que ya había recibido lo suyo.
Me contó también de un guardaparques joven, de Cancún, que en los años noventa se metió una noche al manglar de la parte alta de la isla persiguiendo una luz que había visto desde el faro. Volvió al amanecer, temblando. No dijo qué había visto. Pero pidió su traslado al día siguiente y nunca volvió a poner un pie en Contoy.
—A veces —dijo Don Aristeo— la isla te muestra dónde está algo, pero no te lo da. Solo te lo enseña. Para que sepas que existe. Y para que sepas también que no es para ti.
Lo que Don Aristeo sabe (y no cuenta)
Le pregunté, ya casi al final, si él había buscado alguna vez.
Sonrió por primera vez en toda la tarde. Una sonrisa breve, casi sin dientes.
—Yo pesco, joven. No busco. El que pesca sabe que el mar da lo que quiere dar, cuando quiere darlo. No se le pide. Se le espera.
—¿Pero usted sabe si el tesoro existe?
Don Aristeo se quedó pensando un rato. Miró hacia el norte, hacia donde estaba la isla, invisible desde el muelle pero presente en todo el aire salado que llegaba de esa dirección.
—Yo sé que en Contoy hay cosas enterradas. Sé que a veces la marea las descubre y a veces las vuelve a tapar. Sé que hay noches en que si uno camina por la playa de la parte oeste, se oye como si algo estuviera respirando debajo de la arena.
Guardó el cuchillo. Guardó la madera tallada, que ahora vi que tenía forma de pez.
—Si algún día encuentra usted algo allá, joven, acuérdese de la regla. Llévese lo que necesite. Deje lo demás. Contoy no es de nadie. Es de los que van a venir después.
Guía para el que quiera ir a Contoy
Isla Contoy se puede visitar. Hay tours desde Cancún, desde Isla Mujeres y desde Chiquilá. Se paga un permiso ambiental. Se recorre la isla con guía. Se ven las aves, los corales, las playas blancas. Y se regresa antes del atardecer, como marca el reglamento.
Los turistas vuelven con fotos y con arena en los zapatos.
Casi ninguno vuelve con la sensación de haber estado en un lugar donde hay cosas enterradas.
Pero si usted es de los que caminan despacio, y de los que miran los detalles, y de los que sienten cuando un lugar guarda algo, quizá note cosas que los demás no notan. Una piedra fuera de sitio. Una hondonada que parece hecha por manos humanas. Un pedazo de metal oscurecido asomando entre las raíces del manglar.
Si le pasa eso, respire hondo antes de decidir nada.
Y acuérdese de lo que dijo Don Aristeo, que sesenta años pescando en esas aguas le habían enseñado más de lo que enseñan las universidades:
Llévese lo que necesite.
Deje lo demás.
Porque el siguiente también va a venir.
Y quizá ese siguiente —piense usted en esto un momento, mientras el sol se pone sobre el manglar y el viento le trae el olor a sal y a algo más antiguo que la sal— quizá ese siguiente sea alguien a quien usted quiere. Y quizá le haga falta encontrar algo cuando llegue su turno.
La isla lleva cuatrocientos años esperando.
Puede esperar un poco más.
Ecoturismo en Isla Contoy
En Isla Contoy, el ecoturismo es una experiencia única que te permite disfrutar de la naturaleza en su estado más puro. Al visitar la isla, puedes participar en diversas actividades ecoturísticas.
La isla es un importante santuario de aves, incluyendo fragatas, pelícanos, cormoranes y garzas. También es un sitio de anidación para varias especies de tortugas marinas, como la tortuga blanca, la tortuga caguama y la tortuga carey.
Visitas guiadas: Puedes unirte a tours guiados por la isla, donde aprenderás sobre su historia, flora, fauna y conservación.
Senderismo: Isla Contoy cuenta con senderos que te permiten explorar la isla y disfrutar de sus paisajes naturales.
Observación de aves: Isla Contoy es un santuario de aves, con más de 150 especies diferentes. Puedes observar fragatas, pelícanos, cormoranes, garzas y muchas otras aves en su hábitat natural.
Nado con tiburón ballena: Durante la temporada de tiburón ballena (mayo a septiembre), puedes nadar con estos increíbles animales, que llegan a las aguas cercanas a Isla Contoy en busca de alimento.
Snorkel y buceo: Los arrecifes de coral cercanos a Isla Contoy ofrecen excelentes oportunidades para hacer snorkel y buceo, donde podrás ver una gran variedad de peces tropicales, corales y otras criaturas marinas.

Mantarrayas en Isla Contoy
En las aguas de Isla Contoy es posible encontrar mantarrayas. Estas impresionantes criaturas marinas suelen habitar en aguas cálidas y poco profundas, donde se alimentan de plancton y pequeños peces. Durante actividades como el snorkel y el buceo en los arrecifes cercanos a Isla Contoy, es posible tener la oportunidad de ver mantarrayas en su hábitat natural. Sin embargo, la observación de mantarrayas no está garantizada, ya que su presencia depende de diversos factores, como la temporada y las condiciones del agua.
Curiosidades de Isla Contoy
Isla Contoy tiene algunas curiosidades interesantes. Una de ellas es la prohibición del uso de bloqueador solar en la isla. Esto se debe a que muchos protectores solares contienen químicos que pueden dañar los arrecifes de coral y el ecosistema marino. Por lo tanto, para proteger la vida marina y preservar la belleza natural de Isla Contoy, se recomienda a los visitantes utilizar ropa protectora, sombreros y otras medidas de protección solar en lugar de bloqueador químico. Esta medida es parte de los esfuerzos de conservación de la isla y de su ecosistema único.
Isla Contoy tiene varias particularidades que la hacen única. Además de ser un santuario de aves y un sitio de anidación de tortugas marinas, la isla también cuenta con un ecosistema terrestre diverso, que incluye manglares, dunas de arena y vegetación típica de la selva baja caducifolia.
Otra particularidad de Isla Contoy es su importancia como sitio de investigación científica. Debido a su biodiversidad y su estado de conservación, la isla es un lugar ideal para estudiar la ecología marina y terrestre, así como para llevar a cabo investigaciones sobre la conservación de la vida silvestre.
Además, Isla Contoy es un destino turístico sostenible, donde se promueve el ecoturismo responsable y se limita el número de visitantes para minimizar el impacto ambiental. Esto permite a los visitantes disfrutar de la belleza natural de la isla de una manera que beneficie a la conservación de su ecosistema.
Cómo llegar
Para llegar a Isla Contoy, generalmente se parte desde la ciudad de Cancún, en el estado de Quintana Roo, México. Desde Cancún, puedes tomar un tour en barco que te lleve a la isla. Estos tours suelen incluir el transporte en barco desde Cancún hasta Isla Contoy, así como actividades como snorkel, observación de aves y tiempo libre para explorar la isla.
También es posible llegar a Isla Contoy desde otras localidades cercanas, como Isla Mujeres o Holbox, donde también se ofrecen tours en barco a la isla. Sin embargo, ten en cuenta que el acceso a Isla Contoy está limitado y se requiere un permiso especial para visitarla, por lo que es importante reservar tu tour con anticipación y asegurarte de cumplir con todas las regulaciones para poder disfrutar de esta increíble experiencia ecoturística.

Isla Contoy: guía para llegar al tesoro sin perderse en el Caribe
Ruta sugerida para exploradores con brújula propia:
- La isla se encuentra al norte de Isla Mujeres y Cancún, en el Caribe mexicano.
- El acceso se realiza mediante embarcaciones autorizadas desde distintos puntos de la costa de Quintana Roo.
- Recuerde que se trata de un Parque Nacional y área natural protegida: aquí se viene a mirar, caminar y respirar. El tesoro, si aparece, déjelo donde estaba.
| Lugar / Punto | Qué encontrará | Ubicación |
|---|---|---|
| Isla Contoy | Parque Nacional y refugio natural de gran importancia para aves marinas, tortugas, manglares y ecosistemas costeros del Caribe mexicano. | Ver Mapa 🗺️ |
| Centro de Visitantes | Punto de referencia para conocer las características naturales del parque, sus ecosistemas y las reglas de conservación de la isla. | Ver Mapa 🗺️ |
| Laguna Puerto Viejo | Zona de manglar y humedales donde pueden observarse distintas especies de aves y otros habitantes de este singular ecosistema. | Ver Mapa 🗺️ |
| Mirador de Isla Contoy | Un punto privilegiado para contemplar la isla, sus manglares, playas y el azul del Caribe desde las alturas. | Ver Mapa 🗺️ |
