Isla Sacrificios, la puerta de entrada a Veracruz Desde el malecón de Veracruz parece pequeña. Una mancha verde recortada contra el azul turbio del Golfo, con un faro blanco clavado en la punta como un fósforo a punto de encenderse. Pero esa isla —la que hoy llamamos Isla de Sacrificios— fue mucho antes que faro,…

por

La Isla de los Sacrificios

Isla Sacrificios, la puerta de entrada a Veracruz

isla-de-sacrificios-puerto-veracruz

Historia

La Isla de los Sacrificios, ubicada en las cercanías de Veracruz, tiene una historia intrigante y cargada de significado histórico. Durante la época precolombina, los totonacas la utilizaban como sitio ceremonial y religioso, donde se llevaban a cabo sacrificios humanos como ofrendas a los dioses.

Durante el virreinato la isla se utilizó para la reparación y carenado de barcos.

El primer faro fue construido a finales del s.XIX. Actualmente tiene una altura de aproximadamente 43 metros.

Desde el malecón de Veracruz parece pequeña. Una mancha verde recortada contra el azul turbio del Golfo, con un faro blanco clavado en la punta como un fósforo a punto de encenderse. Pero esa isla —la que hoy llamamos Isla de Sacrificios— fue mucho antes que faro, mucho antes que puerto, mucho antes que Bernal Díaz del Castillo. Fue santuario, frontera y escenario del primer encuentro entre dos mundos que no sabían que iban a cambiarse para siempre.

Antes de las carabelas

Mucho antes de que Hernán Cortés y sus hombres aparecieran en el horizonte en 1519, esta franja de tierra ya tenía significado.

No era un punto estratégico en un mapa europeo.

Era un espacio ritual en la cosmovisión de los pueblos totonacas y mexicas que habitaban la región del Golfo.

Un espacio ceremonial vinculado al mar, al tránsito, al intercambio simbólico entre tierra y agua.

El Golfo no era solo un cuerpo de agua.

Era una frontera viva.

Y la isla era un umbral.

En Mesoamérica, las islas y elevaciones costeras funcionaban como puntos de conexión con lo sagrado. Allí se depositaban ofrendas. Allí se realizaban ceremonias vinculadas al movimiento del sol, al ciclo de las mareas, a la fertilidad y al comercio.

El día que el horizonte se llenó de velas

En 1518 llegó Juan de Grijalva.

En 1519, Hernán Cortés.

Y entre ellos, un soldado que escribiría una de las crónicas más fascinantes de la conquista: Bernal Díaz del Castillo.

Bernal no escribía como los héroes de estatua. A pesar de su juventud en aquel momento, años más tarde escribiría con la madurez un hombre cansado, que había visto demasiado y quería que alguien recordara que la historia deja de serlo si no se cuenta con verdad.

Desde sus ojos, la isla no era un símbolo poético. Era una advertencia.

Y yendo más adelante vimos otra isla algo mayor que las demás, y estaría de tierra obra de legua y media, y allí enfrente de ella había buen surgidero. Y mandó el general que surgiésemos. Y echados los botes en el agua, fue Juan de Grijalva, con muchos de nosotros los soldados, a ver la isleta, porque había humos en ella, y hallamos dos casas hechas de cal y canto, bien labradas, y en cada casa unas gradas, por donde subían a unos como altares, y en aquellos altares tenían unos ídolos de malas figuras, que eran sus dioses. Y allí hallamos sacrificados de aquella noche cinco indios, y estaban abiertos por los pechos y cortados los brazos y los muslos, y las paredes de las casas llenas de sangre. De todo lo cual nos admiramos en gran manera, y pusimos nombre a esta isleta de Sacrificios, y así está en las cartas de marear.

Bernal Díaz del Casillo

Bernal_Díaz_del_Castillo

Actualmente alberga un faro de señalización marítima y forma parte del Parque Marino Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano, siendo zona protegida al cuidado de la Armada de México y prohibido su acceso al público.

Isla-sacrificios-atardecer
Atardecer en la Isla Sacrificios