Un parque hecho de ausencia
Bajas unas escaleras y, de pronto, el ruido del tráfico se corta como si alguien hubiera bajado el volumen de la ciudad con un control remoto invisible. Bienvenido al Parque Hundido. El sótano verde de la Ciudad de México. Un lugar cuya existencia misma es una preciosa contradicción.
La historia oficial dice que este lugar era una cantera de la Compañía Ladrillera de la Nochebuena. Durante años, le arrancaron pedazos a la tierra para construir las casas de los alrededores. Cuando se quedaron sin piedra, quedó un agujero inmenso. Una herida profunda en medio del paisaje que, caprichosamente, se inundó.
Los urbanistas, que a veces tienen arranques de poesía, decidieron no rellenar el hueco. Decidieron plantar encima.
Al estar varios metros por debajo del nivel de la calle, las paredes de tierra y vegetación actúan como una trinchera contra el ruido. Es una ilusión auditiva. Arriba, a unos pocos metros de tu cabeza, el caos de Insurgentes sigue su marcha asesina. Abajo, tú escuchas pájaros, el crujido de las bicicletas sobre la gravilla y el sonido de las hojas.
Es un acto de escapismo geográfico.
No necesitas salir de la Ciudad de México para huir de ella. Solo necesitas descender.
Es un lugar muy popular entre los habitantes de la zona para hacer ejercicio, pasear con la familia o simplemente relajarse. Además, el Parque Hundido suele ser sede de eventos culturales, ferias y actividades comunitarias. Es un espacio verde importante en una zona urbana densamente poblada, proporcionando un respiro de la vida citadina a quienes lo visitan.
Por si andas por la Ciudad de México

